domingo, 18 de octubre de 2009

Huérfanos digitales


Me resultan muy interesantes los nombres que están surgiendo para reflejar situaciones tan nuevas que aún no tienen una expresión definida, y que por lo general son muy ingeniosos.

Por ejemplo, recientemente leí en el blog de Rafa Martínez, Hoteles 2.0, una entrada en la que se confesaba convencedor digital (además me identifico plenamente con ese perfil).

Como extensión a la clasificación (atribuida a Marc Prensky) entre nativos e inmigrantes digitales, surge la expresión huérfanos digitales para identificar a aquellos que por edad estarían en la franja de los nativos, pero que no reciben consejo ni ayuda en su incorporación al mundo digital por parte de sus padres, y quizá tampoco de sus educadores.

Suelo usar el símil de la discoteca, o la playa. Lo razonable es que, a partir de cierta edad, los jóvenes acudan solos; pero su familia ya les ha acompañado antes durante algunos años, así que traen de casa una cierta manera de comportarse y sus padres tienen unos cuantos consejos para darles (aunque, como en el caso de la vida offline, lamentablemente no siempre son buenos consejos). Como no se tiene el 100% del control, se cede una parte de ese control en la confianza de que los chicos seguirán los consejos. ¿Y con la tecnología? Pues, si no se está, sencillamente se está cediendo el 100%; y eso no es bueno, ni lógico.

Como ya hemos comentado en otras entradas de este blog, muchas familias no tienen referencias previas y por lo tanto saben que no pueden ser de gran ayuda, pero igualmente llenan los grandes almacenes para comprar ordenadores y consolas para los chavales, porque son conscientes de que el contacto de los jóvenes con las nuevas tecnologías es inevitable tanto en su entorno de ocio y relación como en las propias aulas, y no quieren negarles el futuro. Muchos entonces sufren lo que Aníbal de la Torre bautizó como el Complejo de Marc Prensky, un sentimiento de culpa que nace a la hora de enfrentarse al uso de la tecnología ante los más jóvenes.

Como bien proclama Aníbal, es un sentimiento a desterrar, porque lo que los chicos necesitan aprender de nosotros no es destreza digital. Ésta ya la aprenden por sí mismos (con mayor o menor fortuna), y además hay excelentes profesionales trabajando en la sistematización de las competencias digitales para los jóvenes, como Dolors Reig.

Cuando por edad (y por entorno social) la intimidad se va transfiriendo de la familia al grupo de amigos, los padres y educadores pueden - y deben - aportar los referentes éticos y de comportamiento que permitan a los jóvenes analizar con sentido crítico la información que navega por la Red, incluyendo la que los jóvenes mismos producen.

En este sentido me ha parecido extraordinaria la iniciativa Kiddia, de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía, y en concreto dos documentos publicados en su página orientados a las familias: 10+1 Reglas prácticas para el uso seguro de Internet e Los huérfanos digitales, cuya lectura les recomiendo.

Desde Competencias 2.0 hago hincapié en la preparación de las familias, no centrada en los aspectos técnicos, sino en las competencias personales que interesa cultivar al enfrentarse a la nueva Internet participativa.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Inconscientemente competentes


Cualquier aprendizaje es un proceso de cuatro fases:
  • La Incompetencia Inconsciente (I.I.) es el desconocimiento de la ignorancia. Es la situación que se produce cuando ni siquiera se sabe que existe una materia (porque nunca se ha oído hablar de ella, por ejemplo). Si ni siquiera sé qué es una guitarra, difícilmente sabré tocarla.
  • La Incompetencia Consciente (I.C.) es el conocimiento de la ignorancia. Aquí la cosa cambia. Cuando sé que no sé tocar la guitarra me veo obligado a decidir si aprender o no, y es una decisión totalmente personal: me puede parecer imprescindible igual que me puede parecer innecesario.
  • La Competencia Consciente (C.C.) es el conocimiento de lo que se sabe. Sí, sé tocar la guitarra, incluso tengo un grupo; pero soy consciente de mis límites.
  • La cuarta fase del ciclo es la Competencia Inconsciente (C.I.). Es el objetivo máximo de todo aprendizaje, en el que el conocimiento fluye y los límites se desvanecen. Es esa habilidad de los que saben tanto que les hace parecer naturales. Es el nivel de competencia de Mark Knopfler.
El objetivo de todo aprendizaje es llevarnos a la cuarta fase del ciclo, pero la mala noticia es que es difícil (por no decir imposible) llegar a la cuarta fase sin haber pasado por las anteriores. Y esta es la percepción que tengo con relación a muchas personas que se introducen en el mundo de Web 2.0, porque la tendencia es muy poderosa y atrae como un imán.

Así como las empresas tienen muy claro que deben definir su identidad en la Red con sumo cuidado, las personas individuales engrosan la ingente base de generadores de contenido en la Red (700.000 usuarios nuevos en Facebook cada día) sin hacer ningún planteamiento previo. Y la tendencia es que las cosas van a seguir así, como constatan el 94% de los participantes en el Autodiagnóstico 2.0 (incluso algunos de los que reconocen tener una mala imagen sobre Web 2.0).

Es posible estar registrado en Facebook, tener cuenta en Twitter, escribir en un blog... y sin embargo no haberse parado ni un momento a pensar "Todo esto que estoy haciendo, ¿sigue una estrategia? ¿De hecho, acaso debería seguir una? ¿Me ayuda en mis objetivos personales o profesionales, o en realidad me está haciendo perder más tiempo del que debería?" Algunos de los asistentes a las diferentes convocatorias de Twittpalma - y por tanto, buenos usuarios de Twitter, como mínimo - me han hecho llegar su inquietud sobre la necesidad de tomar aire y definir una estrategia para su propia presencia en Web 2.0.

Con este motivo hemos preparado el taller "Inconscientemente Competentes", que se celebrará el próximo martes 6 de octubre de 6 a 9 de la tarde en el Hotel Amic Horizonte, de Palma de Mallorca. Una estupenda oportunidad de compartir inquietudes y conocimientos sobre Web 2.0, y a la vez desarrollar el propio Plan de Presencia en la Red. Más información aquí.


lunes, 21 de septiembre de 2009

Motivación y estilos de dirección: Glengarry Glenn Ross

El pasado viernes, hablando sobre motivación y estilos de dirección, recordé la película Glengarry Glenn Ross, que no es muy conocida a pesar de contar con un elenco envidiable: un fabuloso Jack Lemmon, un Alec Baldwin insuperable (en serio, no le he visto nada mejor), Al Pacino, Ed Harris, Alan Arkin y un magnífico secundario Kevin Spacey, uno de mis actores favoritos, que también ha realizado otras incursiones en este mismo tema (quizá dedique un próximo post a comentar El factor sorpresa, cuyo título original en inglés, Swimming with sharks es mucho más elocuente).

La historia es sencilla: empresa que vende inversión en solares a pequeños ahorradores, muchísima presión a los vendedores, necesidad de cerrar ventas a toda costa, y la ética profesional de fondo. Está claro que Ventas es un deporte en el que sólo suele ganar uno, y todos los demás pierden. Ambición y resistencia a la frustración son dos de las competencias que hay que cultivar, el problema es encontrar el equilibrio. ¿Cuál es la mejor motivación en este caldo de cultivo?

Os dejo el vídeo del discurso "motivacional" (o algo así) del millonario Blake (Alec Baldwin) a los vendedores, del que se ha escaqueado un amargado Ricky Roma (Al Pacino). He visto la película varias veces y esta escena muchas más, y me sigue dejando con la boca abierta por su contenido moral y también por su fuerza cinematográfica. Eso sí: sufriendo (y mucho) por lo primero y disfrutando (y mucho) por lo segundo. He preferido poner la versión original porque la versión traducida no es muy buena (en ella Blake no trasmite decisión y poder, sino enfado, y el efecto es muy diferente). Espero vuestros comentarios.


sábado, 5 de septiembre de 2009

Jóvenes ¿responsables? en la Red


Gracias a David Robles, de Google, leo en el blog oficial de la compañía que durante la Conferencia Anual sobre Crímenes contra Menores celebrada el pasado mes de agosto en EEUU se exhibió un estudio que destacaba un incremento del 6% en el número de expedientes relativos a menores que, a petición de alguno de sus contactos en redes sociales, había enviado por la red fotografías o vídeos comprometedores (incluyendo desnudos), o habían sufrido acoso.

Siempre me quejo de que los medios informativos tradicionales sólo se hacen eco de noticias relacionadas con Internet cuando éstas son negativas. Pero no es menos cierto que los menores corren más riesgo de encontrarse en este tipo de situaciones, por varias razones:

- Los jóvenes entran en las redes sociales "a pecho descubierto", sin más información previa que la que les dan sus amigos cercanos. Normalmente esta información es buena desde el punto de vista técnico, pero no es evidente que contemple de forma satisfactoria un cierto análisis de riesgos y beneficios.

- Es relativamente fácil 'hablar con desconocidos' en Internet.

- Los padres no tienen forma de evitarlo. Muchos padres creen que siguen a sus hijos en Internet, cuando éstos en muchos casos tienen más de un perfil y usan nicks impensables (precisamente para evitar ser vigilados por sus padres). Por otro lado, muchos padres evitan que sus hijos se conecten a Internet en casa, pero no pueden evitar que durante cualquier salida a casa de amigos puedan crear una cuenta.

- Además muchos padres temen (y con razón) que si coartan el acceso de sus hijos a Internet les están "dejando atrás" en el uso de tecnologías cada vez más relevantes, lo que les produce una carga de culpabilidad nada agradable.

Sólo hay tres posibles soluciones para este problema: prevención, prevención y prevención.

Cuando los jóvenes empiezan a ir solos a la playa o a la discoteca los padres siempre tienen en la recámara algún buen consejo (o no tan bueno, evidentemente, pero cada uno con su propia personalidad y forma de educar); y así debería ser también a la hora de dejar que sus hijos se conecten a Internet. Pero, por lo general, los padres con hijos cursando ESO o Bachillerato pertenecen a una generación sin experiencia alguna en Internet, y menos aún en este tipo de aplicaciones participativas como redes sociales, blogs, archivos de fotos y vídeos o chats (Web 2.0, en definitiva).

Como reza la entrada del blog de Google, es imprescindible formar a padres y educadores para que, al menos, tengan la información básica para aconsejar a los jóvenes. Quizá esté equivocado, pero me parece, como mínimo, tan importante como poner portátiles a alumnos de primaria.

Official Google Blog: Helping create responsible digital citizens

jueves, 27 de agosto de 2009

Competencias 2.0, firma invitada en la Revista AUSAPE

Competencias 2.0 ha sido la firma invitada del número de Julio de la revista de la Asociación de Usuarios SAP de España, AUSAPE.


¿Existe un "estándar de presencia" en la Red?

Internet está evolucionando al ritmo que marcan los usuarios, que son los nuevos generadores del contenido de la Red. Muchos expertos comparan Web 2.0 con el Tsunami del Índico, por la fuerza que arrastra y porque muchos curiosos lo fotografiaron desde las playas sin ser conscientes de lo que se les venía encima. Nosotros no podemos decir que no estamos informados, porque ya se ha escrito muchísimo sobre los cambios que Web 2.0 provoca en la Sociedad y la Economía. Sabemos que ya está ocurriendo y que no podremos escapar; la solución pasa por aprender a "surfear".

El acceso a tecnología cada vez mas barata ha provocado un cambio en el uso de Internet: ordenadores, teléfonos multimedia, ADSL, cámaras digitales, agendas de bolsillo, GPS... están a disposición de prácticamente cualquiera, y se utilizan para producir el contenido que se vierte a la Red. Los propios usuarios son también los consumidores de ese mismo contenido, pero una vez agregado, etiquetado, filtrado y valorado por el conocimiento colectivo - sin importar qué opinión nos pueda merecer este concepto - que impone su criterio implacable a la hora de seleccionar productos, servicios, o cultura. Las empresas ya se están dando cuenta del poder que tienen los usuarios a la hora de elegir, por ejemplo, un destino turístico (aspecto de especial interés para un país como España) y por eso conceptos como SEO/SEM, marketing en medios sociales, reputación online, etc. no les son extraños.

Como consecuencia, ¿cuánta de la información que hay en YouTube ha sido generada por la propia YouTube? ¿Cuánta de la que hay en Facebook, Twitter, Wikipedia? Quizá piense que éstas son aplicaciones orientadas al ocio (aunque esto ya ha dejado de ser así hace tiempo), pero ¿cuánta de la información que hay en InfoJobs ha sido generada por la propia InfoJobs? ¿Y cuánta en TripAdvisor? Este hecho representa un cambio sensacional; y los estudios apuntan una tendencia imparable, como demuestra el hecho de que Facebook ya ronda los 250 millones de usuarios creciendo a un ritmo de 700.000 por día. Muchos de estos usuarios, especialmente los adolescentes y jóvenes, han accedido de forma natural a la tecnología porque han nacido con ella, y manejan las herramientas con soltura. A los de la generación anterior, sin embargo (la vida ha cambiado drásticamente en tan sólo veinte años) no sólo el mero uso de herramientas colaborativas les resulta más complicado técnicamente, sino que también les resulta conceptualmente arriesgado, y encuentran dificultades serias a la hora de compartir información en Internet. En ambos casos, el uso de herramientas participativas "en la nube" (redes sociales, archivos de foto/vídeo, blogs y nanoblogs, etiquetas, marcadores, Wikis, chats de voz y vídeo) requiere nuevas competencias que poco tienen que ver con las técnicas de uso de las herramientas, sino más bien con saber responder a preguntas como las siguientes:
  • ¿Puedo controlar el tiempo que paso conectado a Internet?
  • ¿Debería empezar un blog? ¿O registrarme en Twitter?
  • ¿Conozco la información que hay en la Red... sobre mí?
  • ¿Cuántos contactos soy capaz de manejar en una Red Social?
  • ¿Cómo puedo separar en la Red mi imagen personal de la profesional?
NO HAY un estándar de presencia en la Red; pero sí existen criterios que ayudan a planificar y gestionar la experiencia 2.0 para que sea productiva y agradable a la vez, tanto a nivel personal (por ejemplo, padres que quieran ayudar a sus hijos) como profesional. En las organizaciones esto lo han de tener en cuenta muy especialmente los responsables de Desarrollo de Personas, porque a partir de ahora prácticamente todas las personas que incorporen tendrán perfil 2.0 pero en muchos casos habrán de coordinarse con equipos 1.0 (y 0.5, en algunos casos) sin que la organización se rompa en dos.